sábado, 31 de enero de 2009

GIAN LORENZO BERNINI (1598-1680).



Si en el Renacimiento se dieron varios casos de artistas polifacéticos, entre los cuales el más destacado fue el Miguel Ángel, también en la época barroca encontramos un personaje semejante, Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), que cultivó las tres artes mayores y fue también escritor e incluso diseñador de escenografías teatrales, sin olvidarnos de sus aportaciones en el campo del urbanismo.

Bernini nació en Nápoles, hijo de un padre escultor que le enseñó el oficio, pero pasó la mayor parte de su vida en Roma, donde adquirió fama y riquezas como quizás ningún otro artista barroco italiano. La razón de ello es bien sencilla: cuando contaba 31 años fue designado arquitecto pontificio por Urbano VII y desde entonces contó ininterrumpidamente con la protección de otros seis papas más, lo que le permitió desarrollar sín problemas sus múltiples capacidades artísticas en la Ciudad Eterna. Pero no sólo realizó obras para el papado. Aún tuvo tiempo de atender numerosos encargos particulares.

Como arquitecto, y fruto de sus trabajos en el Vaticano, son dos de sus más conocidas realizaciones: de un lado, el famoso Baldaquino de San Pedro, situado en el centro de la basílica, justo sobre el lugar en el que se halla la humilde tumba del primer apóstol. Aquí el joven Bernini se aleja de las formas renacentistas y manieristas hasta entonces predominantes y recurre al empleo de la columna salomónica, proclamando el éxito de la nueva estética barroca, parejo al que él mismo obtuvo como autor. De otro lado, unos años después Bernini levanta la columnata que cierra la plaza con su forma elíptica, pero que al mismo tiempo se abre para recibir a las multitudes que acuden a la llamada del pontífice. Incluso unos años después, y de nuevo dentro del templo, nuestro artista realizaría la Cátedra de San Pedro, una especie de altar relicario en el que se guarda la silla que pretendidamente usó el primer papa de Roma.

Fuera del Vaticano Bernini levanta la iglesia de San Andrea en el Quirinal, para los jesuítas, que pese a su reducidas dimensiones podemos considerar una de las muestras más hermosas de la arquitectura barroca, con una planta oval centrada y un ingenioso juego de luces. Hasta la misma disposición de la entrada (en un extremo del eje menor de la elipse) contribuye a crear el efecto escenográfico que Bernini pretendía.

Igualmente variada es la producción escultórica del arquitecto pontificio. Es ya un tópico afirmar que la quintaesencia de lo que el Barroco significó en escultura se encuentra en su obra del éxtasis de Santa Teresa, en el que combina las diversas artes en la búsqueda de efectos puramente teatrales. Pero desde el San Longinos de su primera época hasta los ángeles pasionarios del puente de Sant´Angelo en Roma, hay toda una evolución estilística y unas sorprendentes realizaciones: retratos de todo tipo, conjuntos funerarios, imaginería religiosa, obras de contenido mitológico... sin que nos olvidemos de las espectaculares fuentes que diseñó y que hoy son objeto de la atracción preferente de los millones de turistas que acuden a Roma.


............"Elefante obeliscóforo". Roma............

Pero hay en esa ciudad una obra de Bernini menos conocida, el llamado "elefante obeliscóforo" (1667) y que, en su aparente sencillez, sintetiza bastante bien lo que debió ser la mentalidad estética de Bernini. Un obelisco traído desde Egipto (realizado hacia el 580 a.C.) es llevado a lomos de ese animal. No sé si Bernini habría visto alguna vez un elefante en vivo (supongo que sí), pero tan amante como era de las curvas, en este caso se le fue la mano con la longitud de la trompa. El Barroco aquí se impone a la mera realidad.





Información obtenida de:
http://aprendersociales.blogspot.com/

miércoles, 28 de enero de 2009

'El Coloso' no es de Goya.



El cuadro llegó al Prado en 1931 procedente de un legado particular y desde entonces estuvo considerado como obra del Goya moderno. Con el paso del tiempo surgieron voces críticas que afirmaban que no pertenecía a Goya, sino a algún discípulo suyo, no estaba firmado por el maestro, no se conocía su cronología exacta, no aparece citado en ninguna documentación de la época del propio Goya. Así fue como en junio de 2008 el rumor que corría entre los especialistas en pintura salto a la prensa, y el Museo del Prado afirmaba que "casi seguro" no se trataba de obra de Goya, avanzando unos estudios que se estaban realizados y que se acaban de publicar.
Tras unos meses, El Prado hizo el lunes 26 de enero público lo que ya se sospechaba desde 1991, cuando se organizó la exposición “Goya. El capricho y la invención”: que “El Coloso” no pertenece a Goya. Para ello ha sido determinante el descubrimiento de las iniciales “AJ”, pertenecientes posiblemente a Asensio Julià (discípulo de Goya), en el cuadrante inferior izquierdo de esta pintura por parte de José Luis Díez -jefe de Conservación de pintura del siglo XIX.

Manuela Mena, jefa de Conservación de Pintura del siglo XVIII y de Goya, aludió en junio de 2008 a cuestiones "estilísticas" para constatar que la obra "se aleja de Goya completamente". Pues se ha corroborado la existencia de "pinceladas dudosas", "incoherencias luminosas", "falta de precisión" y "trazos no acabados" lo que ha llevado a desvincularla del pintor aragonés.
Además, "La radiografía reveló una composición diferente bajo la que hoy conocemos ya que el gigante aparecía de frente con el brazo izquierdo apoyado en la cadera y el derecho por detrás de la cabeza del coloso actual. Además hay otro ajuste fundamental en esta última pues se le quedó estrecha la cintura y la aumentó", dijo Manuela Mena quien recordó, por el contrario, que Goya siempre tenía en su cabeza perfectamente definidas sus composiciones que trasladaba al lienzo como tales.
Asimismo, la jefa de Conservación del Prado, aludía al paisaje que aparece en 'El Coloso', "ligeramente sucio" y lo comparó con otros de Goya, "siempre claros y naturalistas", como puede verse en 'La fabricación de pólvora y balas' o en 'Las Lavanderas', por ejemplo. "Las nubes que cubren la cintura del Coloso han sido realizadas a espátula con una mezcla de blanco, azul y rosa, algo que no se ve en Goya", añadió.
La anatomía del personaje central ha sido otro de los argumentos de la especialista para asentar su teoría: "El brazo del Coloso es una de las zonas menos cercanas a Goya de toda la composición ya que es efectista y no define la anatomía con el conocimiento que desgranó Goya", dijo. A ello sumó las "incoherencias luminosas" que presenta ese brazo.
Manuela Mena se centró también en el resto de personajes y detalles que completan la composición y llamó la atención sobre un hombre que cae "del revés" del caballo ("jamás lo pintó Goya así"), la falta de terminación de las manos, brazos y piernas y la "enorme cantidad de pinceladas dudosas y escasa precisión" en la realización de una tartana.
La manada de toros que aparece en el lienzo está realizada a base de "pinceladas sueltas que se entrecruzan y que no acaban de terminar esas figuras", por otro lado bien conocidas y rematadas los cuadros de Goya. Lo mismo ocurre con el burro, "que parece de peluche" frente a los asnos pintados por el aragonés "perfectos en la definición del animal", indicó Manuela Mena.
Finalmente, todo lleva a la conclusión de que la obra se trata de un "pastiche" es decir una formada a partir de detalles copiados de otras obras, inspirada, claro está, en cuadros y grabados de Goya, como la estampa de "El coloso" de la serie de "Los desastres de la guerra".




Información obtenida de varios diarios: La Vanguardia y El País.

lunes, 26 de enero de 2009

"HENDAYA: CUANDO ADOLFO ENCONTRÓ A PACO" de José Macias y Carla Guimaraes

Se trata de un cortometraje que parodia la reunión que el Führer y el Caudillo mantuvieron en Hendaya en 1940 y en la que, según sostiene la cinta, se pactaron cosas mucho más importantes que la no participación de España en la Segunda Guerra Mundial.

martes, 20 de enero de 2009

DIEGO DE SILVA Y VELÁZQUEZ (1599- 1660).


Pintor español, máximo representante de la pintura barroca española. Nació en Sevilla el 6 de junio de 1599. Procedente de una familia burguesa sevillana, fue el mayor de seis hermanos. Entre 1611 y 1617 el joven Velázquez trabajó como aprendiz en el taller del que sería su futuro suegro, Francisco Pacheco. Durante sus años de aprendizaje, Velázquez aprendió el naturalismo tenebrista imperante en su época, derivado del realismo italiano y del flamenco. Las obras más tempranas de Velázquez, realizadas entre los años 1617 y 1623, pueden dividirse en tres categorías, el bodegón (objetos de uso cotidiano combinados con naturalezas muertas), retratos y escenas religiosas. Muchas de sus primeras obras tienen un marcado acento naturalista, como La comida (c. 1617, Museo del Ermitage, San Petersburgo), bodegón que puede considerarse como la primera obra independiente del maestro. En sus bodegones, como El Aguador de Sevilla (c. 1619-1620, Aspley House, Londres) los magistrales efectos de luz y sombra, así como la directa observación del natural, llevan a relacionarlo inevitablemente con Caravaggio. Para sus pinturas religiosas utilizó modelos extraídos de las calles de Sevilla, tal y como Pacheco afirma en su biografía sobre Velázquez. En La Adoración de los Magos (1619, Museo del Prado, Madrid) las figuras bíblicas son, por ejemplo, retratos de miembros de su familia incluido su propio autorretrato. Velázquez fue también un pintor conocido en los círculos intelectuales de Sevilla, uno de los cuales, la Academia de Artes, fue dirigida de manera informal por Pacheco. En dichos encuentros, tuvo la ocasión de conocer a personalidades de su tiempo como el gran poeta Luis de Góngora y Argote (cuyo retrato, ejecutado en el año 1622 se encuentra en el Museum of Fine Arts Boston). Esos contactos fueron importantes para las obras posteriores de Velázquez sobre temas mitológicos o clásicos. En el año 1621 Velázquez realizó su primer viaje a Madrid para, presumiblemente, conocer en persona las colecciones reales y probablemente para buscar, sin éxito en esta ocasión, un puesto como pintor de corte.

Sin embargo, en el año 1623 regresó a la capital para pintar un retrato del rey Felipe IV (1623, Museo del Prado) y el monarca le nombró su pintor de cámara. Este lienzo fue el primero de una serie de retratos soberbios y directos, no sólo del rey, sino también de la familia real y otros miembros de la corte, ya que realmente, su principal ocupación en la corte era la de retratar, aunque también abordó temas mitológicos como El triunfo de Baco, popularmente llamado, Los borrachos (1628-1629, Museo del Prado). En el año 1628 Petrus Paulus Rubens llegó a la corte de Madrid en misión diplomática y entre los pocos pintores con los que trabó amistad estaba Velázquez. Aunque el gran maestro flamenco no causó un decisivo impacto sobre la obra del pintor, sus conversaciones le impulsaron a visitar las colecciones de arte en Italia que tanto admiraba Rubens. En agosto de 1629 Velázquez abandonó Barcelona rumbo a Génova y pasó dos años viajando por Italia. De Génova se dirigió a Milán, Venecia, Florencia y Roma, regresó a España desde Nápoles en enero de 1631. En el transcurso de este viaje estudió de cerca el arte del renacimiento y de la pintura italiana de su tiempo. Algunas de las obras realizadas durante sus viajes dan muestra de la asimilación de estos estilos, un ejemplo representativo es su La túnica de José (1639, Monasterio de El Escorial, Madrid) y La fragua de Vulcano (1630, Museo del Prado), que combinan los efectos escultóricos miguelangelescos con el claroscuro de maestros italianos tales como Guercino y Giovanni Lanfranco. De vuelta a España, Velázquez reanudó sus encargos como retratista de corte con la obra Príncipe Baltasar Carlos con un enano (1631, Museum of Fine Arts, Boston) imagen conmovedora del príncipe, quien moriría antes de alcanzar la mayoría de edad. En el año 1634 Velázquez llevó a cabo el programa decorativo del Salón de Reinos en el nuevo palacio del Buen Retiro. Constaba de 12 escenas de batallas, junto a retratos ecuestres en los que las tropas españolas habían resultado victoriosas. En esta obra no sólo intervino Velázquez, sino otros artistas de prestigio. Velázquez incluyó en este ciclo de batallas el cuadro titulado Las lanzas o La rendición de Breda (1634, Museo del Prado) que retrata al general español Spínola, después de sitiar las ciudades del norte en el año 1625, recibiendo las llaves de la ciudad de manos del gobernador. La delicadeza en la asombrosa manera de ejecución la convierte, como obra individual, en una de las composiciones históricas más célebres del arte barroco español.
Hacia 1640 pinta los retratos de caza de la familia real para la Torre de la Parada, un pabellón de caza cerca de Madrid. Perteneciente a la década de los últimos años de 1630 y principios de 1640 son los famosos retratos de enanos de corte que reflejan el respeto y la simpatía con que eran tratados en palacio. Velázquez pintó pocos cuadros religiosos, entre ellos destacan el Crucificado (c. 1632), La coronación de la Virgen (c. 1641) y San Antonio Abad y San Pablo primer ermitaño (c. 1634), todos ellos en el Museo del Prado. Durante los últimos años de su vida, Velázquez trabajó no sólo como pintor de corte sino también como responsable de la decoración de muchas de las nuevas salas de los palacios reales. En el año 1649 regresó de nuevo a Italia, en esta ocasión para adquirir obras de arte para la colección del rey. Durante su estancia en Roma (1649-1650) pintó el magnífico retrato de Juan de Pareja (Metropolitan Museum of Art, Nueva York) así como el inquietante y profundo retrato del Papa Inocencio X (Galería Doria-Pamphili, Roma), recientemente exhibido en Madrid. Al poco tiempo fue admitido como miembro en la Academia de San Lucas de Roma. Su elegante Venus del espejo (National Gallery, Londres) data probablemente de esta época. Las obras clave de las dos últimas décadas de la vida de Velázquez son Las hilanderas o La fábula de Aracné (1644-1648, Museo del Prado) composición sofisticada de compleja simbología mitológica, y una de las obras maestras de la pintura española Las Meninas o La familia de Felipe IV (1656, Museo del Prado), que constituye un imponente retrato de grupo de la familia real con el propio artista incluido en la escena. Velázquez continuó trabajando para el rey Felipe IV, como pintor, cortesano y fiel amigo hasta su muerte acaecida en Madrid el 6 de agosto de 1660. Su obra fue conocida y ejerció una importante influencia en el siglo XIX, cuando el Museo del Prado la expuso en sus salas.




................................................................................
- Biografía obtenida de El Poder de la Palabra.

- Para saber más sobre Velázquez, dejo un link que contiene unas conferencias en audio que la Fundación Juan March pone a nuestra disposición.

miércoles, 14 de enero de 2009

THÉODORE GERICAULT (1791-1824).


Pintor francés muy influyente en su época y uno de los principales y primeros artistas del romanticismo del siglo XIX. Nació en el seno de una acaudalada familia de Ruán, fue discípulo de los pintores franceses Carle Vernet y Pierre Guérin y estudió en Italia entre 1816 y 1817. Su obra muestra una clara influencia de Miguel Ángel y otros pintores del renacimiento italiano (Caravaggio), así como del maestro flamenco Petrus Paulus Rubens.

Sus primeras obras pusieron ya de manifiesto unas características que le apartaban de los pintores franceses neoclásicos como Jacques-Louis David y que pronto le valieron el reconocimiento como líder de los románticos. Su Oficial de cazadores de la guardia imperial a la carga (1812, Museo del Louvre, París), su Coracero herido (1814, Louvre) y La carrera libre de caballos (1816-1817, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, España) muestran una acción violenta, un diseño atrevido y un dramatismo cromático de gran poder emotivo. Tales características se intensifican en su lienzo La balsa de la Medusa (1818- 1819, Museo del Louvre), de grandes dimensiones y expresión sobrecogedora.

En 1820 viajó a Inglaterra, donde pintó el Derby de Epsom (Museo del Louvre). Regresa a Francia hacia 1821-1822, enferma (se cree que de cáncer de huesos) y se alejará del mundo, pero sigue trabajando en una serie de retratos de enfermos mentales, realizados con visión trágica y pesimista de la vida. También realizó varias estatuillas en bronce, una excelente serie de litografías y cientos de dibujos y bocetos en color.




Información obtenida de:
http://www.spanisharts.com

http://www.epdlp.com

lunes, 12 de enero de 2009

EUGÈNE DELACROIX (1798-1863).

Pintor francés cuya obra constituye un gran exponente del romanticismo del siglo XIX y cuya influencia se extendió hasta los impresionistas. Delacroix nació el 26 de abril de 1798 en Charenton-Saint Maurice, y fue discípulo del pintor francés Pierre Guérin. Recibió una formación neoclásica dentro de la escuela del pintor francés Jacques-Louis David, pero su estilo se vio influenciado por el rico colorido y la opulencia de maestros anteriores, como Petrus Paulus Rubens y Pablo Veronés. También absorbió el espíritu de su contemporáneo Théodore Géricault, cuyas primeras obras representan la acción violenta, el amor a la libertad y el romanticismo en ciernes del turbulento periodo postnapoleónico.
La carrera artística de Delacroix empezó en 1822 cuando su primer cuadro, Dante y Virgilio en los infiernos (1822, Louvre, París), fue aceptado en el Salón de París.


..................Dante y Virgilio en los infiernos....................

En 1824 obtuvo un gran éxito popular con Las matanzas de Quíos (Louvre), que representa el tema heroico de la lucha de los griegos por la independencia.


......................La matanza de Quíos.........................

En 1825 viajó a Inglaterra donde estudió la obra de los pintores ingleses. La influencia de Richard Parkes Bonington, que pintaba con colores brillantes, se manifiesta en obras posteriores de Delacroix como La muerte de Sardanápalo (1827, Louvre). Esta exuberante obra de madurez, de gran colorido, violencia y fastuosidad, muestra a mujeres, esclavos, joyas y telas combinados en una composición delirante, casi orgiástica. El tema del cuadro es la decisión que toma un rey de la antigüedad de destruir sus posesiones (incluidas sus esposas) antes de suicidarse.


....................La muerte de Sardanápalo.....................

Su obra más romántica y tal vez la más influyente es La libertad guiando al pueblo, también conocida como La barricada (1830, Louvre), una glorificación semialegórica de la idea de libertad. Este cuadro, que le valió la Legión de Honor, confirmó la clara división entre la pintura romántica, que resaltaba la importancia del color y el espíritu, y el concurrente neoclasicismo (de cuyo desarrollo Jean Auguste Dominique Ingres fue una de las figuras prominentes), que hacía más hincapié en la importancia del dibujo y en el distanciamiento respecto al tema.


....................La Libertad guiando al pueblo....................

Delacroix fue durante toda su vida el pintor romántico más importante de Francia. Un viaje al norte de África en 1832 le proporcionó un amplio repertorio temático que plasmó en más de 100 cuadros de gran sensualidad. Muchas de sus últimas obras, en especial las pinturas de animales, escenas de caza y temas marinos, son excepcionales, pero otras exhiben una cierta aridez en su ejecución y falta de inspiración. También ilustró varias obras de William Shakespeare, Walter Scott y Johann W. von Goethe.
La técnica de Delacroix, de grandes contrastes de color, que aplicaba con pequeños golpes de pincel creando un particular efecto de vibración, influyó de forma importante en los impresionistas.
Delacroix murió el 13 de agosto de 1863 en París.





INFORMACIÓN OBTENIDA DE:
http://www.epdlp.com

IMÁGENES:
http://www.spanisharts.com

martes, 6 de enero de 2009

CASPAR DAVID FRIEDRICH (1774-1880).

Pintor romántico alemán del siglo XIX cuyos impresionantes paisajes y marinas no son sólo fruto de una meticulosa observación de la naturaleza, sino que tienen también carácter alegórico.


........Un mar de hielo. 1822-23.Hamburgo, Kunsthalle................

Estudió en la Academia de Copenhague. En 1798 se estableció en Dresde, donde entró a formar parte de un círculo literario y artístico imbuido de los ideales del movimiento romántico.


......Rocky Ravine. 1822-23. Osterreichische Gallerie in Belvedere. Viena.....

Sus primeros dibujos —perfilados con precisión a lápiz o sepia—ya exploran motivos que serán recurrentes a lo largo de su obra: playas de rocas, llanuras planas y desnudas, cadenas montañosas infinitas y árboles que se elevan hacia el cielo. Más adelante su obra comienza a reflejar cada vez más la respuesta emocional del artista frente a los escenarios naturales.


.......Las Tres Edades.1834-35. Leipzig, Museum der bildenden Künste.....

Comenzó a pintar al óleo en 1807, uno de sus primeros lienzos, "La cruz de las montañas" (c. 1807, Staatliche Kunstsammlungen, Dresde), es representativo de su estilo de madurez. Esta obra, que rompe totalmente con la pintura religiosa tradicional, es paisaje casi en su totalidad, la figura de Cristo crucificado, vista desde atrás y recortada contra la puesta de sol en la montaña, se halla casi perdida en el escenario natural. Según los escritos del propio Friedrich, todos los elementos de la composición tienen carácter simbólico. Las montañas son una alegoría de la fe, los rayos del sol del atardecer simbolizan el final del mundo precristiano, y los abetos representan la esperanza. Los colores fríos, ácidos, la iluminación clara y los contornos contrastados potencian los sentimientos de melancolía, aislamiento e impotencia humana frente a la fuerza inquietante de la naturaleza que se expresa en su obra.


....................Las Ruinas de Eldena. 1823-24..................

Como profesor de la Academia de Dresde, determinó la obra de los pintores románticos alemanes posteriores. A pesar de que su fama declinó tras su muerte, su simbología sigue produciendo cierta fascinación en la actualidad.



....Viajero ante un mar de niebla. 1818. Hamburger Kunsthalle. Hamburgo.....


domingo, 14 de diciembre de 2008

GIOVANNI ANTONIO CANAL: "CANALETTO".


........Gran Canal y Santa María de la Salud, Venecia...........

Giovanni Antonio Canal, más conocido como El Canaletto, es uno de los últimos genios del Barroco Italiano. Nació en Venecia en 1697 e inició su formación artística con su padre, escenógrafo de profesión con él que colaborará desde 1716. Tres años más tarde se traslada a Roma, realizando durante un año decoraciones para óperas de Scarlatti. En Roma se pone en contacto con paisajistas, interesándose por las vistas urbanas.


...............Vista de la Plaza de San Marcos...................

Al regresar a Venecia, realizará algunas vistas en las que ya aparecen los fuertes contrastes de luz y sombra que le caracterizarán, siendo ejecutadas directamente a partir de los modelos, sin realizar bocetos previos. Posteriormente, Canaletto abandonará esta práctica, sirviéndose de bocetos preparatorios.


....Regreso del Bucentauro al muelle el día de la Ascensión. 1729 ....

Sus cuadros tuvieron una excelente acogida en el mercado inglés, por lo que se trasladó a Inglaterra entre 1746 y 1755, realizando numerosos paisajes. Regresó a Venecia, donde murió en 1768, dejando una importante huella en los paisajistas venecianos, ingleses y franceses, tanto del siglo XVIII como del Romanticismo.


...............El Bucentauro en Venecia. 1745-1750................


LA VENECIA DE CANALETTO:

sábado, 13 de diciembre de 2008

GIOVANNI BATTISTA PIRANESI (1720-1778): VISTAS DE ROMA.


VEDUTA PLAZA DE SAN PEDRO, ROMA.



Arquitecto y grabador italiano, Piranesi nació el 4 de octubre de 1720 en Mogliano, próximo a Mestre. Sus primeros veinte años transcurrieron en Venecia donde, del rico y complejo panorama artístico veneciano, adquirió una sólida formación.


VEDUTA DEL PONTE E CASTELO S'ANGELO.


Piranesi sacaría luego rendida cuenta de la veduta. Desde principios del siglo se multiplicaron las colecciones de láminas descriptivas, pero la presencia del artista en Venecia a mitad de la década de 1740, coincidió con un punto clave en el desarrollo de este género. Se entiende por veduta la representación fiel del aspecto urbano en el fluir de la vida cotidiana. Jamás un arte de épocas pretéritas ha sido expuesto con tal fuerza de expresión y con tal vida, al menos por lo que a reproducciones se refiere. En estos grabados que saben valerse de los más expresivos medios de que puede disponer el arte del aguafuerte, Piranesi nos habla de la emoción de la Roma imperial.


VEDUTA DEL PANTEÓN DE AGRIPA.


La serie de Vedute di Roma, 135 estampas, se alargó cerca de 30 años, hasta la muerte de Piranesi, ocurrida el 9 de noviembre de 1778 en Roma, ciudad en la cual se había instalado. Se trata de un excepcional testimonio para calibrar los diversos cambios técnicos y las preocupaciones teóricas producidas a lo largo de su trayectoria. Este conjunto se ha convertido en el más popular y conocido de toda su variada obra. En ellos se recogen los monumentos que son, por sí mismos, pilares sólidos de la iconografía de la ciudad de Roma. Asombra el modo en que capta una vista y su capacidad para esquematizarla a través de un breve boceto, para más tarde desarrollarla sobre la placa de cobre. Con la divulgación de las Vistas de Roma, Piranesi vio afianzar su fama transformando la convencional Vedute de un mero recuerdo topográfico en sugerentes imágenes de gran poder expresivo.


VEDUTA DEL SEPULCRO DE CAYO CESIO.

Las aguafuertes son mucho más que láminas de arqueología. Los monumentos y las ruinas han sido vistos y grabados por Piranesi con un amor que devuelve alma a las cosas muertas. Son una evocación. No sólo las resucita, las engrandece.La visión de Piranesi es fundamentalmente barroca, es decir, Piranesi es el hombre de viva expresión pasional que ve la obra de arte, primero y principalmente, como un valor espacial. En las ruinas de las antiguas construcciones de Roma la circunstancia de su desmoronamiento facilita su ordenación dentro del paisaje que las rodea. Piranesi nos las muestra como ahogadas por la vegetación, pobladas de fantasmagoría y, al mismo tiempo, bañadas por el aire y la luz.


TEMPLO DE LA FORTUNA VIRIL.



Imágenes obtenidas de:

- University of Tokyo Library's Kamei Collection.
- Web Urisicula de la Universidad de Leyden.

viernes, 12 de diciembre de 2008

EL ARTE GRIEGO.


Grabado del Partenón.


Se desarrolla a lo largo del primer milenio a. C. hasta la romanización de Grecia, coincidiendo con la consolidación, esplendor y decadencia de la civilización griega. Tradicionalmente se pueden distinguir tres periodos evolutivos que coinciden con otras tantas etapas históricas:

a) La Época Arcaica. En sentido amplio abarca desde el final de las culturas del Bronce en Micenas (s. XII a. C) hasta las invasiones persas (inicios del s. V a. C). Durante este tiempo se sistematiza el conocimiento técnico de los materiales, asimilando ideas nuevas y métodos procedentes del exterior. Se distinguen dos momentos:
1. Periodo Geométrico. Se desarrolla durante la Época Oscura (hasta el s. VII a. C). En lo artístico es un periodo de experimentación y localismos, con importantes trabajos en cerámica.
2. Periodo Arcaico. Se desarrolla durante los siglos VII- VI a. C. Supone una ampliación de los repertorios artísticos, creando las estructuras del arte posterior. Se nutre del orientalismo y la mitología como base para sus creaciones.

b) La Época Clásica. Se desarrolla desde la derrota persa hasta la muerte de Alejandro Magno (ss. V- IV a. C. aprox.). Supone un notable cambio respecto a lo arcaico: se pasa del interés por hacer al interés por ser, culminándose el proceso creativo de la civilización griega. Bajo la influencia de poetas y filósofos, el individuo pasa a ser lo más importante, traduciéndose en una suavización y humanización de las formas, el estilo y los temas artísticos. Pierden importancia los mitos en función de una cotidianeidad idealizada que refleja el esplendor de las polis. Presenta también dos momentos:
1. El siglo V. Caracterizado por la conceptualización de la belleza (el canon).
2. El siglo IV. Caracterizado por el amaneramiento de las formas a través de aspectos singulares: la delicadeza, la emoción, el dinamismo, etc.

c) La Época Helenística. Desde la muerte de Alejandro hasta la romanización (ss. III y II a. C.
aprox.). Se trata de un periodo de eclecticismo, derivado de la disgregación del Imperio de Alejandro. Tendencias experimentales hacia un mayor realismo y una promoción artística basada en el mecenazgo privado.

http://es.youtube.com/watch?v=cyvNgDMZEdw

viernes, 5 de diciembre de 2008

EL ARTE MICÉNICO.


Puerta de los Leones

A mediados del II milenio a.C. se consolida en el continente (península del Peloponeso) una tercera cultura debida a un pueblo indoeuropeo procedente del norte: los aqueos. Se trata de un típico pueblo de la Edad de los Metales dedicado a la agricultura y la ganadería, y establecido en ciudades amuralladas y situadas en lo alto de colinas dominando amplias zonas fértiles: las acrópolis, entre las que sobresalen Tirinto, Argos y, sobre todo, Micenas, que da nombre a la civilización. El mundo micénico fue paulatinamente imponiéndose en el Egeo sobre Creta, estableciendo relaciones por todo el Mediterráneo Oriental, Egipto y Sicilia, y entrando en conflicto con Ilion (Guerra de Troya, reflejada en la Ilíada y la Odisea homéricas).
El arte micénico no se explica sin el minoico; aquel hace propias las formas y técnicas artesanales de éste, incorporando incluso artistas cretenses. Sin embargo perviven en la cultura micénica aspectos intrínsecos de la Edad del Bronce centroeuropea, que determinan un arte ecléctico y singular.

El edificio principal, como el Creta, sigue siendo el palacio pero con una configuración muy distinta. En la cultura micénica los palacios son las propias ciudades, fuertemente amuralladas con aparejos ciclópeos (porque su construcción se atribuía a los cíclopes, los hijos de Urano y Gea, famosos por su fuerza y habilidad) y situadas en cerros de fácil defensa. A veces presentan puertas monumentales como la Puerta de los Leones en la acrópolis de Micenas, que son expresión del nuevo poder de la realeza y entroncan con el mundo de Asia Menor. El espacio interior se organiza en función de distintos patios que conducen al edificio principal: el mégaron, una estancia rectangular que es al tiempo lugar de ofrendas y salón del trono. El mégaron presenta siempre una estructura similar, dividido en tres ambientes: un pórtico con dos columnas (de tipo cretense), un vestíbulo y una sala regia, con cuatro columnas que protegen un hogar central. Es frecuente que, separada de la zona de vivienda pero dentro de la muralla, se habilite un área explanada para el refugio de los campesinos en caso de guerra.

Fuera del recinto amurallado, al menos en época tardía, suelen construirse las tumbas siguiendo diversas tipologías. Las más significativas y que guardan cierto paralelismo con enterramientos de otros pueblos de la Edad de los Metales europea son los Tholos, constituidas por un pasillo (dromos) que da acceso a una cámara circular cubierta con una enorme cúpula por aproximación de hiladas para el depósito funerario y desde ésta a otra segunda estancia mucho menor e irregular que constituye la verdadera cámara sepulcral. Dentro de este tipo de tumbas destaca la bautizada por Schliemann como el Tesoro de Atreo, en honor al célebre rey homérico.

Sabemos que los mégaron y tumbas micénicas estuvieron decoradas con pinturas, siguiendo las mismas técnicas minoicas, aunque con menor sutileza. Sin embargo, las grandes diferencias se advierten en el repertorio temático, donde las escenas amables serán sustituidas por otras de caza, guerra, etc. Más interesantes son, sin duda, los trabajos de orfebrería, lo que pone de manifiesto el poderío económico de Micenas y su vinculación con las sociedades de los metales. En este sentido sobresalen las máscaras funerarias como la célebre atribuida a Agamenón o los denominados vasos de Vafio, en realidad realizados por un artista cretense e importados por un rey micénico. Capítulo importante son también las armas. En todos los casos, los artesanos micénicos hicieron gala de nuevas técnicas en el tratamiento del metal, como el repujado, el burilado o el nielado (incrustaciones de un metal sobre otro).

Interesante presentación:
http://www.slideshare.net/ElenaLB/arte-micnico-presentation

martes, 2 de diciembre de 2008

EL ARTE MINOICO O CRETENSE.




Hacia el año 2000 el centro cultural del Egeo se traslada al sur, a la isla de Creta, coincidiendo con el esplendor de una civilización sorprendente y de gran actividad durante este periodo; en parte debido al desarrollo marítimo y comercial de la isla, en parte a una tradición cultural acumulada por efecto de las migraciones procedentes de Asia Menor.

El arte cretense concreta una producción rica y variada, en la que destaca su arquitectura y su pintura, muy originales, como la propia civilización y con una influencia decisiva sobre lo griego.

Los principales edificios cretenses son los palacios o residencias señoriales, de gran complejidad y magnificencia. En realidad se trataba de palacios-santuario, regidos por un rey sacerdote, que eran al mismo tiempo residencia real, lugar de celebración ritual y centro económico de las ciudades-estado minoicas; encargados de la producción y control de los bienes, según patrones heredados de Próximo Oriente.

El desarrollo de la civilización cretense transcurre paralelo a la aparición de los primeros núcleos urbanos de cierta entidad: Cnossos, Faistos, Malia… La estructura básica de los palacios se establece en este momento (Primeros Palacios, 2000-1700 a.C.) como resultado de un sistema productivo agrario: el palacio organiza, concentra y distribuye los productos del campo cretense (vino, aceite, cereales, etc.) que se guardan en sus almacenes. El soberano controla la distribución de estos bienes y favorece el desarrollo de una artesanía especializada en torno al palacio. Lejos de constituir una aglomeración caótica, el palacio cretense es muy organizado especialmente a partir del periodo de los Segundos Palacios (1700- 1500 a.C.). El de Cnossos, por ejemplo, se configura en torno a un patio central, núcleo de llegada y redistribución de productos, al que se accede a través de distintos corredores procesionales. En torno al mismo se distribuyen los almacenes en la planta baja y la zona de vivienda, gobierno y rituales, en la planta alta.

El palacio es expresión del microcosmos cretense: vital, aperturista y relacionado con la naturaleza. Y sus decoraciones pictóricas contribuyen a fortalecer esta idea. Se trata de una pintura mural al fresco, de carácter lineal, tonos planos y un gusto especial por los arabescos y las ondulaciones, por lo que fue comparada por sus descubridores con el art nouveau de principios del s. XX. Sus antecedentes hay que buscarlos en Egipto y Próximo Oriente, sin embargo, las corrientes importadas se asimilaron de forma tan peculiar que el resultado final fue un lenguaje pictórico inconfundible por su gran originalidad. La inspiración de la pintura cretense tiene sus raíces en la naturaleza y el mar, y aun en el caso de escenas rituales o religiosas evocan una profunda alegría de vivir. En la pintura cretense las formas, los colores y los movimientos se supeditan a la fantasía creadora. Hombres y animales se representan con gran expresividad, mientras los motivos paisajistas y florales se tratan con una sutil libertad cromática y gran soltura de líneas. Todas estas características sorprenden en mayor grado si se comparan con las de las civilizaciones contemporáneas: rígidas y estereotipadas. La variedad y fantasía de los frescos ponen de manifiesto la sensibilidad de sus creadores, ya sea en composiciones zoomorfas (friso de los delfines), rituales (salto del toro) o funerarias (procesión del sarcófago de Hagia Tríada ).

La escultura cretense, exvoto siempre de pequeño tamaño y sin la menor pretensión de monumentalidad se caracteriza, al igual que la pintura, por su originalidad y sentido expresionista. A una fase ya tardía corresponden las denominadas diosas de las serpientes, figuras femeninas de loza –en menor medida criselefantinas que portan estos reptiles y son identificadas con sacerdotisas o divinidades asociadas a genios tutelares.

De gran importancia es también la cerámica cretense, decorada con la libertad y profusión que caracteriza todo el arte minoico. Los vasos del estilo Camarés, propio de los primeros palacios, se decoran en color blanco, rojo, violeta o amarillo, sobre fondo negro, componiendo motivos geométricos, espirales, etc. Al periodo de los segundos palacios corresponde la cerámica palacial o marina, decorada con ejemplares de la fauna marina: peces o pulpos en negro, sobre fondo claro.

viernes, 28 de noviembre de 2008

EL ARTE DE LAS ISLAS CÍCLADAS.

El Egeo.

Se desarrolla a lo largo del III milenio a. C., en torno a un grupo de pequeñas islas en la zona central del Egeo, donde aparece una próspera civilización basada en un comercio de cabotaje que llegó a extenderse por todo el Mediterráneo oriental e incluso las costas italianas y provenzales.

El símbolo de identidad de esta cultura son los ídolos de mármol o alabastro, representaciones humanas (generalmente femeninas) de enorme simplicidad y esquematismo, y por ello muy valorados por el arte del s. XX (Picasso, Brancusi, Modigliani). Conocemos mal la evolución y el propósito de estas figuras. Las que tienen forma de violín parecen corresponder a un momento temprano, identificándose con representaciones de divinidades: de la fecundidad o protectora de los muertos, o simplemente con exvotos dedicados a dioses asociados con el sol o la regeneración de la vida. Algo más tardías son las figuras de instrumentistas (de ambos sexos): tañedor de la lira , flautista de Keros…, realizadas con una sencillez de extraordinaria modernidad, que representarían escenas cotidianas –tal vez el acompañamiento musical de los rituales fúnebres- y podrían tener una ascendencia siria.
Ídolo cicládico de Keros, tocador de flauta, Museo Arqueológico de Atenas.

De interés por sus motivos decorativos son también las cerámicas cicládicas, en especial las denominadas “sartenes”, decoradas con espirales incisas o estampilladas, símbolo de las olas del mar, que serán retomadas en la cultura cretense y griega como motivo ornamental.

Al parecer los pobladores de las islas Cícladas procedían de Anatolia y, desde luego, sus piezas no se parecen mucho al arte que posteriormente se desarrollará en Grecia, pero sí hay ya una constante en el tema antropomórfico que será desarrollado por los griegos un milenio más tarde.