martes, 24 de febrero de 2009

Clara Campoamor. 1888-1972.



A ningún político de ninguna época debe tanto la democracia en España como a Clara Campoamor. Le debemos el sufragio universal, idea aparentemente muy admitida pero que para hacerse realidad precisa que las mujeres tengan los mismos derechos electorales que los hombres, ardua labor que en otros países ha consumido las energías de varias generaciones de mujeres y de hombres amigos de la igualdad. En el nuestro, se consiguió de golpe, sin aparente esfuerzo, porque el esfuerzo lo hizo una persona sola.


Clara Campoamor fue una mujer que se hizo a sí misma, que luchó siempre contra todo, contra todos y contra todas -«mi ley es la lucha», decía- para conseguir una España en donde la cuna fuera un origen, no un destino, y donde la Ley no fuera un castigo sino un amparo. Nació el 12 de febrero de 1888 en una familia humilde del madrileño barrio de Maravillas. Su padre, Manuel Campoamor Martínez, había nacido en Santoña y era contable en un periódico madrileño. Su madre, Pilar Rodríguez Martínez, era modista, y de los tres hijos que tuvo el matrimonio vivieron dos, Clara e Ignacio. Cuando Manuel murió, Pilar tuvo que sacar a todos adelante con su trabajo. Clara dejó la escuela y se puso a ayudar a su madre repartiendo ropa. Entró luego de dependienta en una tienda y a los 21 años hizo oposiciones para auxiliar del Cuerpo de Correos y Telégrafos. Las ganó y empezó a trabajar en 1910 en San Sebastián.

En 1914 hace oposiciones para profesora de adultas en el Ministerio de Instrucción Pública, ganándolas con el número uno. Pero sólo puede enseñar taquigrafía y mecanografía, ya que no tenía siquiera el Bachiller. Decide entonces estudiar mientras sigue ayudando a la familia. Además de sus clases, trabaja como mecanógrafa en el Ministerio y en el diario maurista La Tribuna como secretaria del director, Cánovas Cervantes, más conocido como El Nini (ni en política era Cánovas, ni escribiendo Cervantes). A Clara este puesto le permitió, sin embargo, conocer a gente, interesarse por la política y convencerse de que ése era también su sitio. En 1920, cumplidos ya los 32, empieza una vida nueva: se matricula como alumna de Bachillerato, que termina en dos años, y a continuación en la Facultad de Derecho, concluyendo la carrera en otros dos. Con 36 años se convierte en una de las pocas licenciadas españolas y dispuesta a ejercer, cosa que hace desde 1925. Sus ideas sobre la igualdad de la mujer la acercan al PSOE y prologa el libro de María Cambrils Feminismo Socialista, dedicado a Pablo Iglesias. Pero ni ella era socialista ni aceptaba la colaboración del PSOE con la Dictadura. Creó la Asociación Liberal Socialista, pero la dejó cuando no pudo conseguir su definición republicana. Mantuvo una gran actividad como conferenciante en la Asociación Femenina Universitaria y la Academia de Jurisprudencia, defendiendo siempre la igualdad de la mujer y la libertad política.

Ilegítimo pero con indudable ánimo renovador, el régimen primorriverista ofreció a tres abogadas jóvenes y prestigiosas -Clara Campoamor, Victoria Kent y Matilde Huici- entrar en la Junta del Ateneo. Sólo Victoria Kent aceptó. Cuando la Academia de Jurisprudencia otorgó a Clara Campoamor la Cruz de Alfonso XII, por su Premio Extraordinario, también la rechazó, como gesto republicano. A pesar de su origen humilde y su rápida ascensión social, no abandonó la austeridad en su vida privada ni la fidelidad a sus principios.

Trabajó con Martí Jara, buen amigo de Azaña, en el embrión de Acción Republicana, en cuyo Consejo Nacional figuró al principio. Nunca logró su ideal estratégico: la fusión de todos los republicanos en un gran partido de centro, con Azaña como delfín natural de Lerroux.Tras la sublevación de Galán y García Hernández en Jaca, su fusilamiento y el proceso del Comité Revolucionario, Clara asumió la defensa de los implicados, entre ellos su hermano Ignacio. Los pobres lo pagaron más caro que los ricos, como recordó después. El abandono del trono por Alfonso XIII, tras el triunfo republicano en las grandes ciudades, llevó al Poder de la noche a la mañana a sus clientes, convertidos en Gobierno Provisional. Se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes y aunque el mito dice que la República dio el derecho al voto a la mujer, no fue así. La II República supuso un retroceso frente al derecho de voto femenino parcial otorgado por Primo de Rivera. En 1931, la mujer pudo ser elegida, no electora. Y Clara Campoamor salió diputada en las listas del Partido Radical, al que se afilió por ser «republicano, liberal, laico y democrático».

Formó parte de la Comisión Constitucional, de 21 diputados, y allí peleó eficazmente por establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad legal de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal. Todo lo consiguió menos el voto, que tuvo que debatirse en el Parlamento. Y allí es donde Clara Campoamor se ganó un puesto imperecedero en la memoria de la libertad española.

La izquierda, con excepción de un grupo de socialistas y algunos republicanos, no quería que la mujer votase porque se suponía que estaba más influida por la Iglesia e iba a favorecer a las derechas. Estas tampoco lo querían pero lo apoyaban porque creían que les podía favorecer. Entonces, el partido Radical Socialista puso frente a Clara a la otra diputada, Victoria Kent, para negar el voto de la mujer aplazándolo sine die. El debate fue extraordinario y Campoamor arrolló. Pero no tenía mayoría. La consiguió con el apoyo de la minoría derechista, la mayoría del PSOE y algunos republicanos. Victoria Kent y los radicales trataron de ganar lo perdido mediante una enmienda constitucional, pero Clara la desbarató.Cuando la derecha abandonó el Parlamento por la Ley de Congregaciones se hizo el último intento para impedir el voto femenino, pero la Campoamor no sólo se impuso en el debate sino que, contra pronóstico, lo ganó. Apoyándose en el PSOE y en algunos republicanos de derecha, derrotó a los socialistas de Prieto y a los republicanos de su propio partido, el Radical, el Radical Socialista y el de Azaña. Hubo un gran escándalo. Y cuando en el 33 la CEDA ganó las elecciones y Lerroux formó gobierno, sin ellos y con ellos, toda la izquierda le echó la culpa de su derrota a Clara Campoamor. Fue su muerte política.En el 33 no consiguió renovar su escaño, en el 34 abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA y los excesos en la represión del golpe revolucionario de Asturias. Pero cuando, en 1934, pidió, con la mediación de Casares Quiroga, ingresar en Izquierda Republicaca -fusión de radicalsocialistas, azañistas y galleguistas-, la sometieron a la humillación de abrirle un expediente y votar en público su admisión, que fue denegada.

No entró en las listas del Frente Popular, que ganó por una mayoría más amplia que la derecha en 1933 y, evidentemente, con el voto femenino. Nadie le pidió disculpas. Escribió entonces, y publicó en mayo de 1935, Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, testimonio de sus luchas parlamentarias y uno de los libros políticos más admirables y menos divulgados del siglo XX español.

La guerra la pilló por sorpresa y huyó de Madrid temiendo que la pasearan los republicanos. En 1937 publicó en París La revolución española vista por una republicana, en francés, nunca editado en español. Vivió una década en Buenos Aires y se ganó la vida traduciendo, dando conferencias y escribiendo biografías -Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo-. Trató de volver a finales de los 40 y a comienzos de los 50, pero se topó con que tenía que ser depurada por haber pertenecido a la logia masónica Reivindicación. A diferencia de otros exiliados, ella se negó a declarar por un delito legalísimo cuando se cometió. Así, por principios, se quedó en el exilio para siempre.

En 1955 se instaló en Lausanne (Suiza), trabajando en un bufete hasta que perdió la vista. Murió de cáncer y de nostalgia en abril de 1972 y mandó que sus restos fueran incinerados en San Sebastián, donde se hallaba al instaurarse la II República.

Concha Fagoaga y Paloma Saavedra, en su reedición de El voto femenino y yo, en 1981, citan una carta de Clara Campoamor en 1959 a Martín Telo: «Creo que lo único que ha quedado de la República fue lo que hice yo: el voto femenino».
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Históricamente es notable la falta de protagonismo femenino en todos los campos: la invisibilidad de la mujer es un buen recurso para negarle identidad; lo que no se nombra no existe, no está. Enmendémoslo.

viernes, 20 de febrero de 2009

El reino de los cielos. 2005. Ridley Scott.


El film nos traslada al siglo XII, al tiempo de las Cruzadas. Godofredo de Ibelin (Liam Neeson), caballero reconocido por el rey de Jerusalén y comprometido con el mantenimiento de la paz en Tierra Santa, emprende la búsqueda de su hijo ilegítimo, Balian (Orlando Bloom), joven herrero francés que llora la pérdida de su mujer y su hijo. Balian cede ante su dolor y se une a Godofredo en su misión sagrada. Tras la muerte de su padre, hereda su tierra y su título en Jerusalén, ciudad en la que los cristianos, musulmanes y judíos han conseguido alcanzar una convivencia pacífica durante la tregua entre la Segunda y Tercera Cruzada. Nos encontramos en el año 1186. Con una integridad inquebrantable y bajo noble juramento, Balian se encuentra en una nueva tierra, sirviendo a Balduino IV, y atraído por la enigmática hermana de éste, la princesa Sibylla (Eva Green). Allí, en Jerusalén se convertirá en el más heroico y honorable de los caballeros y tendrá que proteger a su pueblo de las fuerzas opresoras de Saladino.

Está dirigida por el director británico Ridley Scott, se estrenó en 2005 y su puesta en escena es espectacular. Fue parcialmente rodada en España, teniendo especial protagonismo el castillo de Loarre, Huesca.

jueves, 19 de febrero de 2009

Juana la Loca.

Juana la Loca. Francisco Pradilla. 1877. Museo del Prado. Óleo sobre lienzo.



En diciembre de 1506 una mujer embarazada de 8 meses anda a pie, por los campos de Castilla. Marcha detrás de un cortejo silencioso que a la luz de las antorchas porta un ataúd. En él van los restos de su joven marido, muerto 3 meses antes. La mujer lleva al cuello, colgada de una cinta negra, la llave del féretro. El cortejo no para en las ciudades, ni en los pueblos, ni en las posadas, ni en los conventos de monjas, ni en ningún lugar donde pueda encontrarse una joven. A la viuda la acompañan landsquenetes (soldados alemanes) y con antorchas, algún fraile y mujeres mayores. Ella lleva el rostro cubierto por un velo, pero todos saben que esa mujer que se esconde tras un velo negro es la más rica y poderosa del mundo. Es doña Juana I de Castilla que, huyendo de la peste declarada en Burgos, lleva a su marido don Felipe I a enterrar a Granada, junto a la reina Isabel la Católica.
Los títulos de esa mujer loca son muchos, muchísimos: heredará los reinos de Castilla, Aragón, León, Navarra, Granada, Valencia, Galicia, Murcia, Sevilla, Jaén, Toledo, Algeciras, los Algarbes y Jerusalén; el condado de Barcelona; los señoríos de Molina, Vizcaya y Álava; los ducados de Atenas y Neopatria; heredará las plazas del Norte de África y las inmensas Indias hasta entonces descubiertas. Pero como si toda la gloria política y militar que alumbraba el nacimiento de la Casa de España debiera tener su contrapartida maldita, los herederos de Isabel y Fernando han ido muriendo uno a uno, hasta llegar a esta mujer que se niega a ayudar al nacimiento de su propia hija porque su padre ya no podrá verla. Ya no le importan los vivos. Y tampoco sus hermanos muertos.El primero en morir fue el príncipe Juan, con 19 años, recién casado con Margarita de Austria y a la que dejó embarazada, pero abortó. La mayor de las hijas de los reyes, Isabel, reina de Portugal tras su matrimonio con Manuel I, heredaba automáticamente la Corona de Castilla, pero no la de Aragón, donde regía la Ley Sálica. Fernando estaba a punto de cambiarla cuando María tuvo un hijo, Miguel, que se convertía en heredero de las tres coronas: Castilla, Aragón y Portugal. Pero Isabel murió un año después, en el segundo parto y poco después murió también el príncipe Miguel en Granada, donde lo habían llevado sus abuelos Isabel y Fernando parra cuidarlo.
Después de Juan, Miguel e Isabel, la primera en la línea de sucesión de la Corona de Castilla -y de Aragón, si su padre Fernando así lo decidía- era Juana, casada con Felipe de Habsburgo, llamado El Hermoso, primogénito del emperador de Alemania. Sin embargo, a Isabel, que nunca se recuperaría de la muerte del príncipe Juan, al que desde niño llamaba «mi ángel», y a su esposo, el aún vigoroso y astuto Fernando, le producía horror que su inmenso legado terminara en las manos de Juana, porque su estado mental la incapacitaba para el ejercicio de la función regia. Y así como el príncipe Juan habría sido tutelado por los reyes, lo mismo que el príncipe Miguel e, incluso, Manuel de Portugal, al que muerta Isabel dieron en feliz matrimonio a su hija María, el marido de Juana no iba a dejar reinar a su mujer ni a sus suegros.
La madre portuguesa de Isabel se volvió loca y su hermano Enrique solía meterse en los bosques a hablar solo para tranquilizar su espíritu. Paradójicamente, Juana nació clavada a su abuela paterna, Juana I de Aragón, de la familia de los Enríquez, Almirantes de Castilla.

De niña fue muy estudiosa -hablaba latín, afición tardía de su madre- y entregada a la devoción. Era muy extremosa en sus penitencias y hasta quiso meterse a monja. Sus padres la casaron a los 16 años con Felipe, hijo mayor de Maximiliano I de Alemania y de María de Borgoña, que acababa de morir convirtiéndolo en soberano de Flandes. No tenían los Habsburgo ni una pequeña parte de las posesiones españolas pero eran muy ricos y vivían con un lujo que a los Reyes Católicos, austeros, les parecía exagerado y hasta repulsivo.
Fue casarse y empezar el escándalo. Apenas se conocieron, el 21 de agosto de 1496 en Lille, quisieron meterse en la cama, así que hubo que buscar a un cura y adelantar la boda. Felipe era muy mujeriego y al principio la pasión de su joven esposa le divirtió; luego le cansó y finalmente le horrorizó, porque incluía unos celos morbosos que sólo calmaba el tálamo. Juana abandonó sus prácticas religiosas.
Por vigilar al marido, ya fuera de cuentas, tuvo a su primogénito Carlos en un retrete. Antes de nacer su segundo hijo, Fernando, llegaron a España como príncipes de Asturias y se manifestó el desdén de Felipe por sus suegros. Tras el parto, quisieron sus padres cuidarla algún tiempo en el Castillo de la Mota, por apartarla de quien tan loca la volvía, pero escapó descalza tras su marido en plena noche, insultó a su madre e hizo tales disparates que tuvieron que dejarla ir. Murió Isabel en 1504, dejándola como heredera. Volvieron a España y Felipe se apresuró en mostrarla como loca a los nobles castellanos para incapacitarla. La forzó a recibirlos casi a oscuras, con una caperuza negra ocultándole el rostro, pero tuvo uno de sus raptos de lucidez y los reconoció a todos, hablando muy cuerdamente. De ahí viene la leyenda de que su locura era un ardid para quitarle el trono. Caló en el pueblo pero no en quienes la conocían.Pronto se dividió el reino entre los partidarios de Felipe y Fernando, como rey o regente. Juana encadenaba embarazos y depresiones. Felipe se apoyó en Francia para aislar a Fernando pero éste rompió el cerco casándose con Germana de Foix (como un día dijera mi profesor: “mujer de peso en todos los aspectos”), sobrina carnal del rey francés. Durante un tiempo, Fernando le dio a su yerno cuerda donde ahorcarse y cuando ya los nobles suspiraban por su autoridad, Felipe murió tras beberse un cántaro de agua helada en un frontón. Fernando volvió como regente y los nobles acudieron a rendirle pleitesía. También Juana, con su féretro, acudió a besarle la mano.
No había forma de apartarla del muerto. La dejaron por imposible pero entró en una de sus crisis de suciedad (en la Edad Moderna asearse era un acontecimiento) y tuvieron que recluirla en el castillo de Tordesillas, con el ataúd de Felipe a la vista en una iglesia cercana. Así fueron pasando los años, murió su padre en Madrigalejo, en 1516. Vino su hijo Carlos y también le prestó acatamiento, pero nadie pensó en rescatarla de su oscura vida hasta la rebelión de los Comuneros, que trataron de reponerla en el trono como reina legítima. Pero entre sus viejas manías estaba la de no firmar ningún papel y no consiguieron su autorización para nada serio. Probablemente, eso evitó una larga guerra civil.
Carlos se dio cuenta entonces del peligro y ya no hizo nada por sacarla de la reclusión. Rara vez la visitaban sus hijos y alternaba periodos de lucidez sombría y de arrebato, en los que tenían que asearla a viva fuerza. Dormía vestida, con la llave del ataúd al cuello, por si alguien quería sorprenderla. Pasaron hasta 46 años de encierro, pero en la Semana Santa de 1555 recobró la lucidez, como hizo su abuela también antes de morir.
Mandó que la enterraran con Felipe en Granada y dejó este mundo reconciliada con todo y con todos. En la memoria popular quedó el nombre de Juana la Loca y los románticos pintaron su desvarío junto al ataúd. Pero casi nadie recuerda ya que fue la primera reina de España.

lunes, 16 de febrero de 2009

LA LEYENDA NEGRA ESPAÑOLA.

Se designa así a la corriente de opinión antiespañola que se desató en Europa durante los siglos XVI-XVII. Comenzó siendo una crítica a los abusos cometidos en la conquista de América y derivó luego hacia una crítica general del imperialismo español, en particular de la política de Felipe II.
La leyenda negra es un término inventado por Julián Juderías, un funcionario del Ministerio de Estado, colaborador del Instituto de Reformas Sociales, más tarde académico de la Historia, que en un concurso literario celebrado en 1913 presentó un libro, que sería premiado, con el título: La Leyenda negra y la verdad histórica.
El contenido de la llamada leyenda negra debe matizarse separando el conjunto de opiniones negativas vertidas sobre España en función de la labor española en América de las que inciden específicamente en la valoración de la política, la cultura o el carácter españoles.
Las críticas negativas sobre España, unas veces cargadas ciertamente de malevolencia despectiva, otras, expresión de banales y estúpidos tópicos, son la derivación de muchos factores: desde nuestro aislamiento histórico generador de ignorancias y desconocimientos recíprocos a la prepotencia de una época –los siglos XVI y XVII– en que la hegemonía española en Europa provocó no pocas envidias y resentimientos.
Si en el siglo XVI la hegemonía imperial española suscitó críticas de carácter esencialmente político-religioso en los siglos XVII y XVIII, la agresividad europea hacia España se proyectó hacia la antropología –el carácter español– y en el siglo XIX la imagen española en Europa se frivoliza y las viejas acusaciones se acaban diluyendo en tópicos andalucistas muchas veces delirantes. Las críticas también varían según los países.
Hacia 1540, el modelo político diseñado por los erasmistas consejeros de Carlos V de una Europa identificada con el principio de la Humanitas cristiana regulada por el Emperador, está en crisis. La escalada protestante y las primeras agitaciones sociales del Estado moderno junto al progresivo avance de las conciencias nacionales, condenaron la idea imperial y europeísta al fracaso.
La Europa renacentista sería ahogada por la irrupción de las nacionalidades, unas nacionalidades que, en buena parte, alimentarán su identidad en función de la propia competencia con los demás.
No ha sido precisamente demasiado integradora la actitud española hacia los elementos extraños. Por lo pronto se condenó a judíos y moriscos, tan españoles como los cristianos viejos, al extrañamiento con la represión y la expulsión como último acto de liquidación del problema racial-religioso que fue conceptualizado como nacional. El concepto reduccionista nacional católico de España pasaba por la descalificación histórico-nacional de los otros, los no cristianos.


Las fuentes clásicas de la leyenda negra.

- Casiodoro de Reyna, alias Reginaldo González Montano, alias Raimundo González de Montes (1520-1594): Exposición de algunas mañas de la Santa Inquisición española (1567). La obra fue escrita en latín y publicada por primera vez en Heidelberg.
La identidad de González Montano sigue siendo un misterio. Podría tratarse de un monje jerónimo perteneciente al convento sevillano de San Isidro del Campo. Acusado de difundir las ideas luteranas y exiliado en 1557, fue llamado "heresiarca" o "maestro de herejes" en el Auto de Fe de Sevilla, el día 23 abril de 1562.

- John Foxe (1516-1587): El libro de los mártires (1554). John Foxe era un exiliado de la Inglaterra de María Tudor en Holanda. La obra original lleva el título en inglés Acts and Monuments, comúnmente conocida como El libro de los mártires. Foxe subraya la indefensión jurídica de los acusados y critica a los inquisidores que, bajo el manto de la religión, no buscan más que su lucro privado. Los españoles son pintados como víctimas de la Inquisición, para él el gran “malo” es el Papa.

- Guillermo de Orange-Nassau, príncipe de Orange (1533-1584): Apología (1580). La política de Felipe II en los Países Bajos llevó a que Guillermo organizara un fuerte movimiento contra la opresión española. Fue líder de la Revuelta de los Países Bajos y escribió una serie de panfletos contra Felipe II, el más famoso es Apologie ou Defense du trés ilustre Prince Guillaume, en el que se basó la Leyenda Negra contra España. Guillermo de Orange acusa a Felipe II de bígamo, del asesinato de su propio hijo, el príncipe don Carlos, y de su mujer, Isabel de Valois, así como de tirano, adúltero e incestuoso. Guillermo de Orange fue el padre de la patria holandesa y enemigo declarado del rey español Felipe II.

- Antonio Pérez (1540-1611): Relaciones (1594), obra publicada en español en Londres bajo el pseudónimo de Rafael Pelegrino. Era un alegato personal contra Felipe II, al que ve culpable en asuntos tales como el asesinato de Escobedo, secretario personal de don Juan de Austria. A Felipe II se le atribuían los defectos de orgullo, crueldad, lascivia e incluso el de estar “contaminado” por la sangre judía o mora. A medida que el poder español penetraba en Europa, se extendía con él también la leyenda negra. Por las Relaciones de Pérez se deduce la culpabilidad del rey en asuntos tales como el asesinato de Escobedo, secretario personal de don Juan de Austria, al que el mismo Antonio Pérez había hecho quedar a los ojos del rey como un traidor que en realidad Escobedo nunca fue.

A todo esto hay que añadir los hechos protagonizados por el Duque de Alba (1507-1582) durante la época en que fue gobernador de Flandes, quien dedicó sus esfuerzos a aplicar medidas represivas y crueles, como la instauración del sangriento Tribunal de los Tumultos, que en seis años condenó a muerte a más de mil personas, entre las que se encontraban los populares condes de Egmont y Horn, (inmortalizados por Beethoven en la obertura Egmont como símbolo de libertad).

- Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566): Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1578). De las Casas ha sido considerado tradicionalmente el padre de la leyenda negra americana. Participó en la conquista de Cuba en 1512. En 1514 dejó sus actividades como encomendero por la impresión que le dejó la matanza de los indios de Caonao y el suplicio al que fue sometido el cacique Hatuey. Desde entonces empezó a ocuparse de la defensa de los indios. Vuelto a España, se entrevistó con el Rey Católico poco antes de la muerte de éste. En 1522 ingresa en la orden de los dominicos. Logró el apoyo del cardenal Cisneros (regente desde 1516) para llevar a cabo alternativas al régimen colonial español en América. Al mismo tiempo, escribía sus obras: Historia General de las Indias (1527-1562), Apologética Historia y su obra más conocida Brevísima relación de la destrucción de las Indias, escrita antes de ser nombrado obispo de Chiapas y antes de su polémica jurídica con Ginés de Sepúlveda. La obra de Bartolomé de las Casas fue prohibida por la Inquisición en 1660.

En el triunfo de la leyenda negra ha coincidido varios hechos: en primer lugar, la ignorancia y mala fe de cuantos han asignado a los españoles adjetivos muy duros y humillantes, tales como holgazanes, cobardes, torpes, lujuriosos, incultos y ultramontanos. Tampoco debe perderse de vista la gran credulidad por parte del pueblo ignorante capaz de creerse todo lo que otros han propagado, aunque sea absurdo. Y por último, el victimismo de los propios españoles al defender que Europa siempre ha despreciado y vilipendiado a España.

Actualmente la investigación histórica desapasionada ha desmentido la leyenda negra. Se reconoce el valor de la evangelización y colonización de América y el espíritu avanzado de las leyes que rigieron aquella empresa. También la figura del rey Felipe II ha sido perfilada con objetiva precisión, así como los sucesos de su reinado, llegando a interpretarlo como una especie de Edad de Oro.

sábado, 14 de febrero de 2009

GEORGE FREDERIC HAENDEL.

Georg Friedrich Händel (Halle, 1685 – Londres, 1759) fue un compositor de origen alemán, posteriormente nacionalizado inglés, considerado una de las cumbres del Barroco y uno de los mejores y más influyentes compositores de la música occidental… (y aquí lo dejo que en internet abundan las biografías del mismo). Fue quien compuso, dentro de la Suite en Re Menor para clave, una Sarabanda que se ha convertido en una de sus piezas más populares. Se trata de una danza lenta, majestuosa e imponente, que no tiene relación alguna con la rápida danza con el mismo nombre, que en las postrimerías del siglo XVI fuera prohibida por Felipe II de España por su carácter lascivo.

lunes, 9 de febrero de 2009

El último emperador (1987). Bernardo Bertolucci.




China, 1908. Pu Yi, un niño de tres años, es arrancado de los brazos de su madre y conducido a la ciudad prohibida para convertirse en el Hijo del Cielo. Al poco tiempo, se proclamará la República y el niño emperador, prisionero dentro de los recintos reales, se convertirá en una mera figura decorativa. Comienza una nueva era para China y para Pu Yi que le deparará el exilio, la cárcel y, finalmente, el olvido, trabajando como jardinero en los lugares desde donde gobernó el gran imperio chino.

jueves, 5 de febrero de 2009

La escuela veneciana: Giorgione, Tiziano, Veronés, Tintoretto.


..................................Las bodas de Caná. 1577-?............................

La escuela veneciana de los Bellini y Carpaccio, caracterizada por el color, perdura en el s. XVI con Giorgione, Tiziano, Veronés y Tintoretto, que abren nuevos caminos, que llegan al Barroco. Venecia es el marco ideal para esta pintura: es una ciudad acuática de sorpresas y matices neblinosos, abierta a visitantes de todos los países, con sus ropajes exóticos y coloristas, propios de una sociedad rica, alegre y festiva.

Son los rasgos de esta etapa:
- La preeminencia del color, con tonos cálidos.
- La importancia de los temas secundarios: la anécdota, el detalle.
- La exaltación de la riqueza: palacios, procesiones, fiestas, ropajes.
- La contemplación poética del paisaje, con el casi romanticismo de Giorgione y Tiziano.

Giorgione (1478-1510) es un enigmático pintor, autor de pocas obras, aunque de extraordinaria calidad y misterio, entre la mitología y el paisaje. Destacan La tempestad y Concierto campestre (elaborado con Tiziano).

Tiziano (1489-1576) es un clasicista (con algunos pequeños y ocasionales rasgos manieristas) y destaca como el gran retratista, con una composición que equipara al retratado con el paisaje y los detalles, con obras como el retrato ecuestre de Carlos V en Mühlberg y el de Isabel de Portugal; con desnudos de formas blandas y redondas, como en la Venus de Urbino, Venus y el Amor, y Dánae. En la Bacanal aúna lo mitológico y lo social, la alegría, el desnudo femenino, el paisaje luminoso, las telas lujosas, el detalle del jarro central. Sus temas religiosos son contenidos, pero en su Entierro de Cristo consiguió efectos intensos con el color, como el amarillo del cuerpo de Cristo en contraste con el manto azul de la Virgen. En sus últimas obras evolucionó a la melancolía, con una factura más pastosa, de manchas más que de formas, como en el Autorretrato.

Veronés (1528-1588) pinta el lujo, las fiestas en palacios y jardines maravillosos, con complejas arquitecturas de mármoles blanquísimos, con numerosas figuras envueltas en bellos ropajes, las mujeres con sus joyas y cabelleras. Sus efectos pictóricos son extraordinarios. En su Venus y Adonis el desnudo de Tiziano ha sido sustituido por un semidesnudo. En las Bodas de Caná extrema el anecdotismo, siendo en esto el gran heredero de Bellini y Carpaccio.

Tintoretto (1518-1594) es un puente hacia el Manierismo e incluso el Barroco, con sus luces violentas, contrastes en claroscuro, escorzos, movimiento tenso e inestable, paisaje romántico, profundidad en base a niveles de distinta luminosidad. Todo esto se observa en el Lavatorio de los pies. En sus cincuenta obras en la iglesia de San Rocco su bajo ángulo de visión resalta la profundidad y lejanía. Influirá mucho en El Greco y los pintores barrocos.